Experiencias de los participantes


Roser

Escribo desde la emoción. Estoy satisfecha de pertenecer a la raza humana. Gracias muchas gracias, Namu Amida Butsu.



Anna

Quiero dar las gracias a Amida y a la práctica de Nembutsu. A la gente que ha ayudado a organizar este encuentro. A todo el grupo de japoneses por darnos su apoyo y a todos los participantes por hacer posible este Obetsuji. Las nacionalidades, los tonos y volumen de voz, el dolor, la ligereza, las inseguridades, la confianza, la vida, la muerte...no son desarmonías si encontramos el punto de unión que hay por encima de ellas. En la práctica de Nembutsu encontramos esta unión que llega a todos los niveles desde lo físico hasta lo cósmico. Con la continuidad de esta práctica podemos estar más fácilmente unidos a lo cotidiano. Que todos los seres experimenten y disfruten de esta unión. Namu Amida Butsu.



José María

A veces es difícil para mí ver el error o el acierto en una experiencia. Más difícil me resulta sentir el aroma del Amor emanado de Todo. En este Obetsuji Nembutsu de una semana he sentido el Amor. Yo siempre he luchado y sufrido en mi vida, pero me doy cuenta que es un error de orientación. El Amor está aquí presente siempre.

Gracias a los monjes del monasterio de Kyoto Kitayama por vuestra generosidad y paciencia. Entre batallas de Mokugyo, vuestra presencia serena ha sido una lección de servicio y humildad para mí. Gracias y hasta pronto.



Diana

A mi me encantó la atmósfera muy amable y serena entre toda la gente de Japón, España y Alemania. En algunas ocasiones me ha costado seguir el ritmo del Mokugyo demasiado rápida para mí. Siendo la primera experiencia estoy muy contenta de haber cumplido esta prueba de retiro de una semana.



Roser

Este retiro de Nembutsu es mi primer acercamiento a las prácticas de la Escuela Tierra Pura. La impresión más fuerte que ha dejado en mi es la enorme energía que se moviliza con Shomyo de Amitabha a ritmo del Mokugyo. Es como una enorme ola que te arrastra en su cresta para lanzarte a lo más profundo de tu conciencia. Se diría que está destinado a desintegrar los egos, pero en esta corta experiencia lo que me ha removido han sido las neuronas. En definitiva ha sido una buena experiencia.



Relato:


Llamé a la puerta de nembutsu

Hubo una vez un hombre bueno que buscaba la luz infinita de Buda.

Recorrió valles y montañas de los países de oriente sin que nada lograra iluminar los claroscuros de su alma.

Ese día el hombre se sentía cansado, pero avanzó con decisión hacia el monasterio donde iba a realizar el Obestuji Nembutsu que tanto le había aconsejado su maestro.

Sentado en seiza, el hombre bueno entonó el shomyo hora tras hora, hora tras hora. La voz se le escapaba en un lamento y las piernas se le quebraban de dolor. "¿Quién eres tu? ¿Dónde estás?", gritaba en su mente para acallar su sufrimiento. "¿Quién eres tu? ¿Dónde estás?", repetía una u otra vez.

De repente, a la luz del atardecer, el hombre bueno oyó la respuesta en el canto de un pájaro: "Soy yo. Estoy aquí." "Soy yo. Estoy aquí", trinaba el pájaro.

"¿Quién eres tú? ¿Dónde estás?". preguntaba el hombre bueno. "Soy yo. Estoy aquí". respondía el pájaro.

Cuando cayó la noche, un tenue resplandor se dibujó en torno a la figura sentada del hombre. Bodai shin, la luz interior, se había encendido en su corazón.


Judith Vilar



Para saber más sobre el Nembutsu:

Dojo Asai - Sils (2007)